Columna
Por la fuerza de la razón
Ulises T. Faúndez · 2025-10-20
Razon y fuerza: los tibios aires de abril, han dado paso a nuevos avisos de un otoño que anuncia la dormancia vegetal y el retiro espiritual de la naturaleza hacia el invierno, con sus lluvias, nieves y bajas temperaturas. La lógica del descanso natural, luego de un desenfreno en...
Razon y fuerza: los tibios aires de abril, han dado paso a nuevos avisos de un otoño que anuncia la dormancia vegetal y el retiro espiritual de la naturaleza hacia el invierno, con sus lluvias, nieves y bajas temperaturas. La lógica del descanso natural, luego de un desenfreno en primavera y cálido verano se repite una vez más. Y esa quietud de días cada vez mas cortos, nos lleva a observar las enseñanzas del entorno y la promesa de repeticiones sucesivas de los ciclos naturales. Ya está claro que el cambio climático causado por el humano es casi una ilusión, cada día son mas los científicos que reconocen el engaño ideológico acerca de los ciclos naturales y sus consecuencias. Dogma impuesto a la fuerza gracias a medios de comunicación masivos, obedientes al interés ideológico de grupos que buscan desesperadamente asirse de algo para no perder su hegemonía mundial woke. Pero la realidad siempre es mas poderosa y se impone a contra corriente, mostrando que el planeta es un ser vivo que reúne a los demás seres y los convierte en un todo supra- latente, tan viejo como el tiempo y tan porfiado como una rama de bambú tras el paso del tifón, que se levanta orgullosa luego de haber capeado la inclemencia. Así es también la vida cívica de los humanos, porque somos parte de esa vida que late y se proyecta sin pedirle permiso a las ideologías. La vida cívica que nos regula, nos alienta y nos frena cuando la conmoción se aumenta y la razón decrece; así el sol brillante de las horas mediodiales de verano nos abrasa y nos aplasta, pero seguimos adelante, buscamos la forma; así el viento gélido antártico nos hace palidecer de impresión cuando contemplamos su furia desatada, para hacer ver al humano como es: pequeño, orgulloso y débil, aunque industrioso y creativo.
La vida cívica se realiza cada día, sin prisa, pero sin pausa, con la fuerza de la razón y la razón que embiste con sentido de realidad cuando las normas son incompletas o mediatizadas por leyes entrecruzadas para dejar contentos a todos, pero satisfecho a nadie. Legisladores acomodaticios, electores esperanzados, siempre esperanzados, sea por querer creer o por ser inducidos a ello mediante técnicas desinformadoras y persuasivas que delatan la pobreza de ideas, antes que favorecer a quienes lo merecen. Los unos hablan de meritocracia, los otros de populismo, los aquellos hablan de infantilismo y los de mas allá de “hecha la ley hecha la trampa”
. ¿entonces dónde está el justo medio para equilibrar anhelos y justificar prioridades? Simple: en buscar el bien común que sólo busca dar a cada cual lo que le corresponde de acuerdo a su justo mérito. ¿y quién define el mérito? Tal vez la objetividad, pero más que eso, es la justicia, que siempre busca encontrar la fuente de la verdad para desde allí establecer las bases ético- morales de la generación de normas, planes, programas de gobierno, de estado y, por contrapunto, está lo afectivo, el amor a la patria, tantas veces descrito pero pocas definido porque no es fácil. Rara vez quedamos conformes con lo obrado, pero mas disconformes quedamos cuando lo que se observa es el vicio por sobre la virtud, la mala intención por sobre el error inocente; lentamente, el resorte de nuestro aguante comienza a encogerse como la ola gigante que se retrae en la costa para volver a golpear con mas fuerza. Y soportar esos embates no es recomendable para nadie. ¿entonces qué sucedió? Lo obrado respecto de lo necesario no coincidió, no se entendió el anhelo nacional, de la mayoría legítima que solicita se realice algo o se prohíba aquello o se proscriba lo otro;casi nunca quedamos todos conformes y el único bálsamo que puede limar las asperezas de la expectativa es una explicación seria, directa y simple, que diga “se ha hecho tal cosa porque había demasiada urgencia en muchos y no se podía esperar”; la hoja no podía seguir pendiente del árbol porque el otoño y sus vientos cada vez mas poderosos impedían que siguiese allí. Es la percepción de los ciclos vitales lo que nos hace falta medir con mas cuidado, cuando hay tanto por solucionar y tantas las urgencias que deja el vendaval de las decisiones deficientes. No basta estructurar documentos declarativos y sesudos discursos casi dramáticos, si la verdad y los hechos tuercen la vela de la nave hacia donde debe ir y no hacia donde quieren llevarla. En este mes, mayo, cuando recordamos a prat, condell y sus bravos, contemplamos una vez mas, que por fuertes que fuesen los vientos, si había que morir, se moriría, si había que luchar se lucharía, porque era necesario, porque la razón de la fuerza estaba ahí, con ojos de furia y frialdad de muerte. Qué acto de civismo mas grande es cumplir con el deber, para toda persona honesta, aunque el mundo se le venga encima. Las cosas se hacen cuando deben ser hechas, porque no hacerlas acarrearía males mayores y no entender esa simple ecuación es no haber sentido nunca el corazón acelerado, sea por haber hecho el bien, haber encontrado una verdad o haber sentido la satisfacción de haber servido al prójimo con honestidad. Eso podemos recuperarlo con mayor y mejor practica de la virtud cívica, que nace del sacrificio, de la renuncia al gusto personal, dando la espalda a la soberbia, siendo humildes por un segundo, para ser verdaderas personas para siempre. No basta con estudiar el tema cívico, debemos enfrentar momentos y formas de vivirlo y resolverlo, cada día, en cada circunstancia cuando deberemos usar la fuerza de nuestra voluntad para utilizar la razón en el proceder y generar decisiones que dejen huella positiva. Si estas máximas no logramos aún entenderlas, sólo seremos débiles hojas sometidas a la fuerza de cualquier viento bochornoso. Viva chile ¡!!!!!
Prof. Ulises t. Faúndez cientista político tesorero de nomo civica profesor de seguridad nacional
Venezuela: realidad y recuerdos ulises t. Faúndez
Desperté hace días con la noticia reciente: USA y francia presionan físicamente a venezuela en un esfuerzo importante contra el narco- terrorismo. No me sorprendió; era como lógico después de tanta trapacería y daño proveniente de esas latitudes sudamericanas. Y entonces, la mente me llevó de nuevo a 1987, francia, ciudad del sur, centro tecnológico pujante e industria aeroespacial de vanguardia.
Fui a estudiar gracias a una beca obtenida por concurso, no por amistades discutibles, pocos latinoamericanos en la academia respectiva; en un curso paralelo, un venezolano de aspecto adusto, pero sonrisa fácil, ingeniero, docente, lo llamaré rubén por respeto, coincidimos en muchos aspectos y una interesante amistad se inició, sin sospechar lo que ahora sabemos. Diez años mayor que yo, ambos ya post graduados y afinando los temas de vanguardia.
Me relató mucho de su país, no estaba involucrado en política y menos en contubernios internacionales: el espacio exterior era su anhelo, el mío también. Sin embargo, el asunto surgió al cabo de semanas de intercambiar ideas, su preocupación era el futuro de su país, que por entonces vivía en una democracia demasiado desprotegida de ambiciosos para con el país más próspero del continente; estaba dubitativo si volver a buscar a su familia y migrar a europa o seguir la vida como si nada ocurriese. Terminamos los estudios de ese año y seguimos hablando por medios diversos, el tiempo pasó y surgió Chávez, luego Maduro, con ambos no simpatizó mi amigo, decía que eran personas livianas, oportunistas frente a los errores sucesivos de gobiernos ineficaces, faltos de mirada estratégica.
Siguió pasando el tiempo; a finales de 2020, me escribió: “ya no hay medicinas de las que tomo para diabetes y presión alta, me voy al campo donde mi hermano, allá tal vez me trate con hierbas y me sane”, luego, una comunicación semestral y finalmente un comprensible silencio.
En 2023, me escribió un hijo quien me dice:” profesor, mi padre lo tenía a usted en gran estima, ahora ha partido, ni las hierbas lo sanaron y el covid hizo lo suyo, no tenemos esperanza, reciba un gran abrazo”. Quedé helado, por decir lo menos, pero ahí entendí muchas de sus palabras crípticas cuando intercambiábamos ideas sobre la realidad de su país, cada vez más atribulado; en mi mente se terminó de armar el puzle, su realidad personal retrataba lo que muchos vivieron y aún viven, él no quiso irse, decía que estaba demasiado viejo para huir y demasiado joven para morir, pero la suerte no le acompañó y el reloj eterno pasó a cobrar la fecha de vencimiento por adelantado.
Desde entonces, lo que ocurre en ese hermoso país me afecta y me acongoja, me sobrepasa la simpleza con que los líderes continentales y mundiales abordan el caso y sólo veo una danza de billetes e intereses porque poco importa la vida y la biografía de los habitantes de esa nación.acostumbrados paulatinamente a la pobreza, material y espiritual, millones migraron y entre ellos, salieron muchos expulsados de cárceles y prisiones a cambio de ir a molestar a otras latitudes.
Lentamente afloró la verdad: más que un movimiento político, el asunto tenía un sórdido trasfondo: carteles de droga y comercio ilegítimo, complicidad de quienes menos se espera y pasividad de otros, entretenidos con ideas utópicas de futuro que no son fáciles de realizar.
Así las cosas, no era posible esperar un desenlace distinto al que se avizora: presión internacional y efecto dominó cuando caigan los malos gobernantes, una espiral de incertidumbre y pasadas de cuentas que nos pueden hacer recordar los castigos a quienes colaboraron con el nazismo en países ocupados durante la segunda guerra mundial. Es el arrebato humano frente a la liberación, frente al hecho de sentir de nuevo la libertad plena de hablar, sentir, actuar y prosperar sin rendirle cuentas al narco, porque eso será cosa del pasado, pero heridas quedarán como cicatrices. Los luchadores por la libertad podrán poner a prueba sus iniciativas y las huertas debiesen volver a germinar.
Creyentes y no tanto debiesen encontrarse de nuevo, arrepentirse los hechores de malas acciones y hablantes quienes guardaron silencio cuando no debieron hacerlo, pero así es la condición humana, falible, débil, angustiosa cuando se trata de sobrevivir. Por ahora, los medios de comunicación, no siempre muy objetivos, envían señales erráticas sobre orígenes y proyecciones de hechos escogidos con pinzas, porque la verdad asusta, en especial cuando se descubre ante el mundo, la bajeza humana, la perversión de las mentes y la ambición ilimitada de quienes sólo piensan que el fin justifica los medios. Pobre mi amigo, no vivió lo suficiente para volver a recuperar su cátedra y ver crecer a sus nietos, ni encontrar alivio a sus enfermedades. Mientras tanto, observamos maniobras de aviones, declaraciones rimbombantes de ignorantes que sólo buscan protagonismo, pero jamás han estado en una trinchera o han tenido que mirar de frente a la muerte. “el show debe continuar”, dirá algún cínico o bien, “bueno, tenía que ser así”. Lo único que se saca en claro es que hay sistemas debilitados que permiten pasar a otros peores, para beneficio de fanáticos ilusos que piensan que su utopía es posible, cuando la historia les demuestra una y otra vez que no es así, que el desarrollo se obtiene trabajando en libertad, con seguridad y garantías de ser y seguir siendo lo que cada cual es capaz de crear para beneficio de todos y de sí mismo.
Prof. Ulises t. Faúndez tesorero de nomo civica
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